
5.03.2009
12.10.2006

Al fondo, la Herradura a medio cerrar, después de 1957, con la venta en diez millones de pesos de entonces del carasucia Enrique Omar Sívori, El Cabezón, a la Juventus de Italia. Antes no había nada y se veía el descampado. La única separación con el campo de juego era un alamabrado común y silvestre.
Olímpico, por supuesto.
PUERTAS CERRADAS Y BRETES PUESTOS
DE LEJOS ES el hecho criminal más invisibilizado de la violencia futbolera argentina y por eso no ha dejado de echar olor. Ahora, por primera vez, más de sesenta años de lo ocurrido, se lo va a intentar reconstruir con los despojos documentales y testimoniales que han quedado en un país que hace todo lo posible para olvidar y borrar su pasado, amén de la censura y el libreto casi único que le hicieron reproducir a la prensa de entonces.
El domingo 2 de julio de 1944, en la entonces monumental Herradura de la avenida Figueroa Alcorta al fondo, se enfrentaron el local, River Plate, y San Lorenzo de Almagro. Arbitró un pope de neto corte y materia prima nacional como Bartolomé Macías en casi todos lados, para otros en el país de las por lo menos dos versiones, José Bartolomeo Macías a la hora de pelar la papeleta (vulgata: libreta de enrolamiento), alguien que como le recordarán a la hora de la despedida final, en 1966, era ritualmente recibido por la más unánime silbatina de los cuatro costados como expresión de repudio a su famosa inflexibilidad, lo que a la postre terminó transformándose hasta cierto punto en una forma un tanto sui géneris de homenaje [NOTA: Semanario Primera Plana, 19 de abril de 1966, pág. 80, la sección TRANSICIONES, subtítulo MUERTES. José Bartolomé Macías falleció a los 65 años, de un síncope, durante una cena en el club Huracán con ex colegas argentinos y uruguayos, el 10 de abril], y el resultado final fue 2-1 favorable a los de
Los únicos datos que se pueden considerar ciertos, indubitables, son que estuvo nublado, frío, húmedo, una típica jornada porteña de los inviernos de entonces, y que el estadio rebalsaba a tal punto que
También que el saldo final de lo que ya se había decretado que tenía que ser accidente y culpabilidad de la inconducta de la chusma concurrente fue finalmente de nueve (9) muertos y una cantidad de heridos de toda consideración, algunos que salvaron casi milagrosamente la vida, y cuyo piso, estimativamente, a ojo de buen cubero, como siempre, debe haber andado por el centenar.
HASTA INVENTARON UNA PSICOSIS DE PRISA
El invento sociológico al paso de la Crítica de Natalio Botana.ESTA VERDADERA PUERTA 11, que incluso físicamente nunca tuvo a bien ser perfectamente individualizada y por más de un indicio podría llegar a ser la misma que casi un cuarto de siglo después va a ser la mentada Puerta 12, ya que su ubicación jamás fue precisada con exactitud, oficialmente se debió a un afiatado coro que repitió que fue un simple, fatal accidente, no sólo sin responsables de ningún tipo cuando se estaban empezando a morir los últimos y todavía se seguían pisoteando los que trataban de zafar de la trama, sino que aparte fueron los culpables por la falta de educación y urbanidad de la plebe en general, en ese momento, como dejaron sentado los diarios con un mismo libreto o un solo cronista en algún despacho oficial de los golpistas que ocupaban el gobierno, ciudadanos aquejados por una “extraña psicosis de prisa” (sic), como sociologizó
En el gobierno estaba el representante de turno de la logia filonazi del GOU (Grupo de Oficiales Unidos), general Edelmiro Julián Farell, oriundo de Lanús, ostentando el cargo de presidente de la república y el ojo atento a los últimos cables urgentes provenientes de la desolada Europa, a ver para qué lado caía la taba y declararle sobre el pucho la guerra al Eje, no enquistarse tanto con las potencias triunfadoras y no creyeran en la sincera neutralidad argentina que ni camisas pardas ni camisas negras, descamisados, como ya iban a ver, cuatro días después iba a jurar como vicepresidente el coronel Juan Domingo Perón ya en franco tren ascendente para signar la historia moderna del país, en la intendencia de la ciudad se encontraba el teniente coronel César R. Caccia,
ENTRE EL ACCIDENTE DE SIEMPRE Y LA EXTRAÑA PSICOSIS

Vicente Pintado, 14, repartidor de almacén. Era la primera vez que iba a una cancha y dicen que tropezó. A él le echaron la culpa de todo. No hay perdón para tanto encubrimiento.
NO ES NI DESCABELLADO ni tampoco barato establecer prima facie que en el mundo hay dos tipos de accidentes: los que ocurren en los demás países, comunes, normales, tipo sucesos imprevistos, tal como lo pontifica
En el libreto impartido, ni siquiera copiado a carbónico, menos a mimeógrafo de cola de pescado, como se usaba en la época, sino que los cronistas destacados copiaron en sus libretitas como obedientes escolares ante el dictado, la encaprichada y envidiosa fatalidad que se ensañó desde siempre con un país condenado al éxito (NOTA: La aseveración que dio la vuelta al mundo en marzo del 2002, dicha por el entonces circunstancial presidente de
¿SOBRA GORDA O FALTA CORSET?
Bartolomé Macías o José Bartolomeo Macías, qué más da. Dos penales en el buche y un gol que...SE DIRA QUE que no es muy literario ni paquete, lo cual es cierto. Que desde el punto de vista de
Pero el partido había terminado y si alguien que está leyendo y es memorioso empieza a sentir alguna molestia y cree que le están metiendo el dedo en la boca porque esto no es junio de 1968, en
y enseguida, más abajo, con esa línea de diagramación de separar sólo con un apenas un guioncito a lo que venía más abajo, con tipografía más chica, a guisa de subtítulo, volanta o bajada, esto otro:
En la misma página, en un recuadro muy chico donde la disposición gráfica suplía a lo catastrófico de las grandes tipografías y los cuerpos densos, el título era todo un editorial y clavaba la pica en Flandes:
CON DIRIGENTES ASI...
A River lo hizo millonario y le construyó el Monumental sin ningún defecto. Le echaron del servicio diplomático de por vida por corrupto y lo único puro que había en el mundo eran los Partagás que chupeteaba día y noche. Fue uno de los popes de Fútbol Espectáculo SA en 1959. Repartidor de soda, naranjín y la Quilmes, gracias al fútbol consiguió el reparto total de la Coca-Cola. ¿Será por eso que ahora al estadio le quieren poner el nombre de la gaseosa?LO DE ANTONIO Vespucio Liberti no entra en lo sibilino o pusilánime. Es directamente de otra galaxia, típico y soberbio de un dirigente del fútbol argentino de su catadura moral e intelectual:
(Todavía faltaba una década para que a Liberti lo echaran de por vida de la diplomacia argentina por una metida de manos en la lata como cónsul en
A todo esto, no enterado de la psicosis o porque le importaba un comino todo, como buen milico, el teniente coronel a cargo de la intendencia le mandó una nota al presidente de
Hasta Crítica, que estuvo por méritos propios entre la prensa más amanuense, el martes 4, día de los entierros donde se borró hasta el portero de
SALTA LA LIEBRE
A silencio de parte, relevo de pruebas. Acá está uno de los caracoles que de prepo los milicos del Proceso le plantificaron al Monumental para que la FIFA lo habilitara con vistas al Mundial 78 porque los accesos eran peor que los de un gallinero. Después de 40 años y 80 muertos era hora que los burócratas se dieran cuenta, ¿no?ESTOS DATOS APARENTEMENTE fútiles van a entrar en combustión con otros que habían sido publicados dos días antes. La misma Crítica, pero del lunes 3, en el medio del desbarajuste del cuerpo de nota de la página 5, escupiendo contra el cielo o quizá deslizando el caballo de Troya, recoge el testimonio del agente Adolfo Oscar Acevedo, de 27 años, al que no le cabía una hematoma y era solamente uno de los policías heridos de los varios que hubo, al revés de
El testimonio no tiene desperdicio y bien le podría servido de fuente de inspiración a Julio Cortázar para componer a su fotógrafo protagonista de Continuidad de los parques, cuando del papel emulsionado en la cubeta con ácido ve emerger paulatinamente la escena del crimen que no había visto por el objetivo cuando apretó el obturador. Es necesario aclarar que el cronista cree imprescindible dejar sentado que el grado de amoretonamiento del pobre es tal que “según los médicos que lo asisten presenta características que pueden ilustrar un nuevo tratado de patología.” Lo puesto en boca del aporreado, al que deberían dolerle hasta las cejas, está puesto en periodístico culto de la época y hay que bancárselo, además de traducirlo simultáneamente:
-El clamor de la multitud me indujo a intentar una intervención creyendo que se trataba de una de las habituales incidencias de las canchas de fútbol –dice el servidor público sin por supuesto aclarar qué es lo habitual porque el partido ha terminado, no hay hinchadas contrarias en el mismo lugar y por la precisa topografía descripta más arriba lo que viene ahora –pero publicada dos días después-, para alguno que aunque sea una vez haya estado en cualquier tribuna y lo que significa intentar subir cuando están bien llenitas, aunque la gente se mantenga quieta como en misa, es para que fracase hasta Spider Man o Batman-. Creí, en efecto, que algún hincha exaltado promovía el desorden, pero al avanzar en sentido contrario por la escalera de salida, la masa humana que rodaba por los peldaños me arrastró con fuerza indescriptible.
Como es obvio, aquí el resaltado no es del original. Pero la “masa humana que rodaba” no estaba al comienzo sino que apareció después porque intentar semejante proeza no es un llamado del sentido del deber sino una tarzanada imposible de realizar. Ningún ser humano, salvo con las facultades mentales alteradas al narrar, puede “avanzar en sentido contrario” de semejante maraña, para colmo con varias toneladas de peso aumentadas por la velocidad del descenso.
Encima de golpeado no se le puede atribuir al más pisoteado que vino patero el engolamiento y la notoria falta de luces del cronista. Jamás pudo haber dicho eso textualmente, salvo que tuviera más hematomas en las circunvalaciones cerebrales que las “anchas contusiones moradas” que le condecoraban el pecho. Ahora el que estaba sí afectado era el hombre del lápiz y la libretita, sin duda. No se puede concebir, con la sola distancia de espacio/tiempo de un punto seguido que alguien pase de ser inducido por el clamor de una multitud a creer, para colmo en efecto, que es un loquito suelto haciendo quilombo y encima se mande para arriba a todo galope, siguiendo a su infalible instinto, sentido del deber y adiestramiento, lo más campante, cuando lo que viene bajando es lo más parecido a un dique roto en una película de terror en los estudios de
¡Bingo!
POR QUE LA MASACRE NO FUE MAYOR
Falta poco para la inauguración de 1935. Terrenos rellenos con basura. Créditos oficiales muy blandos. Y antes de festejar la primera década, la primer masacre. Ahí están todos para la foto y la historia.PERO FALTA ALGO, además de Bartolomé Macías: tanto
Tratándose de lo que se trata, es más que una probabilidad que la primer garroteada haya sido con orientación barranca abajo y la segunda para detenerlos y mandarlos otra vez para arriba. A todo esto, cuando está dando comienzo una masacre, los diarios de la tarde estaban conectados por teléfono con sus hombres en la cancha respectiva y en la redacción, con el eterno pucho ladeado, con la oreja derecha apretando el auricular contra el hombre respectivo, el escribidor de turno metía las grageas que iban dando forma lo mejor posible a una crónica lo menos cualunque posible. Esto fue lo que alcanzó a meter
LUTO SOBRE
Comenta Enzo Ardigó
tiene un remate del más neto cuño futbolero, de la mejor alcurnia de tratar a la pelota como si fuera una dama, más de un hombre que se adelantó a la época porque también fue cronista de espectáculos y crítico de cine: “Y llegóse así al triunfo del local, limpio y merecido. Lo que no obsta para que digamos que en la perfección de los guarismos que lo acreditaron, gravitó asimismo la inexplicable reticencia de Macías para cobrar dentro del área de River penales que todos vimos menos él…”
¡Tomá mate! Dos fueron los que se deglutió, si se quiere exactitud. Grandes como ranchos y hasta con campanitas. Es imposible la ubicuidad en la grafía para narrar los hechos, por eso hay que hacer altos y jerarquizar, reordenar de otro modo y ya se va a volver a la relación arbitraje de Macías-masacre. Primero lo que dijo el cotidiano católico El Pueblo, que no salía los lunes, el mismo martes 4 de julio, dedicó su contratapa habitualmente dedicada al deporte con lo que sigue, bajo el título EL FUTBOL DEL DOMINGO: “Es lamentable e inexcusable en los actuales momentos la postergación de árbitros muy señalados, que por dignidad deportiva muy poco frecuente en el ambiente han denunciado, ante la ingrata evidencia de ser suplencia por elementos noveles sin gran noción del reglamento y de discutida y manoseada autoridad, que traerán (y ojala nos engañemos), con sus desaciertos, horas sombrías para el fútbol porteño. El sistema del sorteo, si bien ha conformado a los suspicaces y malintencionados, no vemos en la presente qué beneficios ha reportado a la práctica del deporte, ya que los malos arbitrajes están como siempre a la orden del día.”
Todavía un parrafito más del epitafio por elevación:
“El mal que aqueja a nuestro popular deporte, a juzgar por lo demostrado, no estriba tanto en la parcialidad de los jueces, como en la evidente falta de competencia de los mismos.”
Se venía, se venía…
META PALO Y A LA BOLSA
SE PUEDE ARGUMENTAR con toda razón que salvo una relación directa espacio/tiempo no hay causales para el objetado arbitraje haya desencadenado lo que desencadenó. Esto tomando en cuenta que salvo excepciones muy lustrosas, como son los servicios de inteligencia de todo tipo y algún jubilado ricachón, nadie lee toda la prensa del día y además lo contingente, la urgencia del suceso, no permite la decantación. Ahora, con el tiempo transcurrido, si se toma a
No hay una sola línea, una sola letra, salvo lo ya apuntado de
-Una parte del público en el sitio donde yo estaba –dice el gentil y parlanchín NN que aparece de pronto y sin que nadie lo haya invitado- hacía algunas apreciaciones agudas contra el juez que dirigió el encuentro. Al final del pasillo por donde salía la gente existe una puerta que conduce a los vestuarios de los jugadores y del ya mencionado juez.
Obvio, el resalto no es del original y el anónimo aportador de datos continuó, total era gratis:
-Un grupo numeroso de personas –añadió- se colocó frente al camino que conduce a los vestuarios clamando contra el árbitro. Entretanto, otras iban bajando presurosamente en busca de la vía pública. En eso, todo aquel grupo se volcó también hacia la escalinata y transformado todo en verdadera avalancha.
Repitamos: “En eso, todo aquel grupo se volcó también hacia la escalinata y transformado todo en verdadera avalancha...” No aclarar que oscurece. Sobre todo cuando entre la tribuna Centenario y los vestuarios, que están a nivel de calle, hay mucho más que un piso de diferencia, y de la tremolina que se pudo haber armado en vestuarios y alrededores no pudo haber muerto nadie porque la masacre fue contra la puerta cerrada y los bretes. Pero siempre todo tiene que ser súbito, misterioso, inexplicable, irracional, neblinoso, producto de fuerzas ingobernables.
LOS VIGIL[ANTES] SIEMPRE ESTUVIERON Y ESTAN
General correntino Juan Filomeno Velazco, del GOU, jefe de la Policía Federal en julio de 1944, en octubre del año siguiente y en 1946 cuando en los sótanos del Departamento Central lo torturaron a Atahualpa Yupanqui.A TODO ESTO, en un mar de citas, puede que para alguno no haya pasado desapercibido que brilla por su ausencia nada menos que El Gráfico de la familia Vigil, por aquel entonces bibliografía de cabecera de cuanto futbolero culto se preciara de tal. No, no ha habido olvido alguno ni traspapelamiento. Ocurría que tecnológicamente eran épocas de linotipo, de composición en caliente, como se decía, y salía los viernes.
Tuvo todo el tiempo del mundo para leerse todos los diarios y hacer todas las consultas pertinentes.
La edición llevó el Nº 1304 y no decía ni mu de lo sucedido. Tal vez porque ya habían pasado muchos días y muertos que no están frescos no son noticias. La tapa estaba dedicada a Rubén Bravo, un atildado y efectivo Nº 9 que no tardaría en ser vendido al Racing Club del triple campeonato, y al arquero Héctor Ricardo, ambos todavía en Rosario Central, quien también pasaría a huestes capitalinas, como arquero de Huracán, y cuya característica exótica para la época era ser el único que atajaba sin aquellas rodilleras con gruesos bastones de fieltros para protegerse en los porrazos de peladuras y raspones. En la página 3 aparecía toda una foto con bochófilos, uno de los deportes en boga de la época, y recién en la 8, con el título a dos columnas
RIVER SE AFIRMA EN
y una bajada en cuerpo mucho más chico, apenas si un punto más que el texto común, recién se enteraba de algo:
Un trágico accidente hizo olvidar el partido
Menos mal. Peor es nada.
Lo que viene después es de acuerdo a la escala moral de cada uno. Si no se entiende que el fútbol es fútbol y todo lo demás importa un carajo, es posible que se llegue a sentir hasta cierta repulsa. Ahora, desde el punto de vista testimonial, socioantropológico, como muestrario de los valores vigentes, es una joya invalorable. El autor, para colmo, una de las glorias, uno de los intocables del periodismo deportivo de la época: nada menos que Félix Daniel Frascara, (a) Frascarita.
Luego de afinar bien la bordona, comienza así su cuerpo de nota, escindiendo, viviseccionando dos mundos inconexos si no fuera por la pavada de una bandera en común y la correlación de las coordenadas espacio/tiempo: “Escribir sobre el partido... ¿Pero es que se puede escribir sobre el partido? ¿Alguien habrá quedado con ánimo para hablar de fútbol? La tragedia existió, fue real, costó varias vidas. Ya lo sabrán nuestros lectores: a la salida, en una de las escalinatas que llevan de la tribuna al exterior, se produjo una avalancha, rodaron algunos, quedaron otros apretados.” Semejante contundencia, lo taxativo de las afirmaciones, más la envergadura de un hombre como Frascara, a cualquiera le hubiera hecho pensar bueno, chau, este es el punto final, tiene razón, ya había ocho muertos, faltaba apenas uno para completar la que sería nómina total, pero no: punto y aparte y adelante con los faroles, cuatro páginas bien suculentas con el partido olvidado por el trágico accidente del titular apenas una línea antes en la diagramación, con detalles sutiles hasta en qué minuto del primer tiempo se le desató el botín izquierdo a Pedernera. ¿Penales no cobrados? ¿Posiciones dudosas en el gol del triunfo?
Esta intromisión en el mundo del fútbol es donde pitan los árbitros motivos de este trabajo, de ahí tratar de rastrear por qué los putean al dejar entrar a la realidad, incluso por qué los quieren matar sin asco, como va a suceder en febrero de 1972, en
A PASO VIVO HACIA EL OLVIDO
LOS MUERTOS SE enfrían rápido, pero
A la semana siguiente de la virtual Puerta 11, ya cumplimentada las galas militares con el desfile del 9 de julio y los muertos más que enterrados, el Tribunal de Penas presidido por un general Avalos que no va a tener nada que ver con el 17 de octubre lo citó a Bartolomé Macías y era evidente que Noticias Gráficas no lo quería porque otra vez se tiró a la pileta de las primicias anunciando que se le venía una sanción, pero a la que no le pensaba dar bola porque iba a insistir en el pedido de licencia e irse a dirigir a algún lugar del extranjero, de donde había recibido “una ventajosa oferta”.
El Tribunal de Penas tan marcialmente presidido no tenía en carpeta solamente los penales que no había visto Macías y el gol objetado de Pedernera. Estaban acumuladas las quejas de todos los calibres, de muchos clubes y contra árbitros varios. Además, a pesar de que todavía no existía
Por fin, el viernes 14, haciendo gala de que los salomónicos empates son la característica relevante en los países condenados al éxito, el viernes 14 el Tribunal de Penas le aplicó 50 pesos de multa a Bartolomé Macías por los desbarajustes sobre el césped del River-San Lorenzo del domingo 2, nada que ver con el accidente de los corridos y apaleados que se vinieron en banda por instalaciones impecables, hechas por profesionales intachables y controladas por funcionarios más probos todavía, y dieron de hocico contra las puertas cerradas y los bretes puestos, como también al dar por fin lugar a la licencia solicitada, no lo incluyó en la lista de sorteos para dirigir el domingo 16.
Un mes después la mar de fondo seguía. El 8 de agosto de 1944, cuando Crítica, en su columna El sport de cada día, firmada por un tal Campagnale (¿Edmundo? ¿El fundador de
Eso sí, también dejaba constancia que el representante del River Plate de Antonio Vespucio Liberti, los accidentes producto de una fatalidad artera, la inconducta pública de la chusma y las puertas cerradas y los bretes puestos, como no podía ser de otra manera, había votado en contra.
Como cierre, la nómina completa de los que fueron para no volver, absolutamente contra su voluntad:
· PINTADO, Vicente (14). El de menor edad, era la primera vez que iba a la cancha y la versión oficial le concedió en forma unánime el honor de haber sido el involuntario causante del tapón mortal;
· DEL PRADO, José Alfredo (26). Fue el último en fallecer, casi diez días después del hecho, en el Hospital Fernández, a consecuencias del hígado reventado contra uno de los pasamanos. El domingo del partido llevaba veinte días de casado;
· DE LUCA, Rafael (23). Llevaba seis días de casado;
· DIAZ, José Ramón (34). El de mayor edad;
· ENRIQUE, Francisco (15);
· FAU, Francisco Enrique (15). Era la primera vez que iba a una cancha y el mejor promedio del colegio;
· LATRECHI, Carlos (17). Vecino, dos casas de por medio, de Vicente Pintado, pero habían ido cada uno por su lado;
· MARTINEZ, Alberto (17). Falleció al día siguiente en el Hospital Militar Central y fue el más difícil de identificar por su coma profundo, del cual salió apenas unos minutos y los médicos creyeron entender que se apedillaba Gerione, tal como figuró en algunos primeros listados, y que vivía en Martínez. Su padre, que andaba de recorrida los hospitales, lo encontró y reconoció ya cadáver, aclarando tanto la identidad como que efectivamente vivían en la localidad de Martínez;
· RATTI, Alberto (22). Conscripto de
Promedio general de edad: 18 años 2 meses.
S.E. u O.
Santa María del Buen Ayre, diciembre 8 del 2006.
12.07.2006
PIE DE IMPRENTA
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Parte de un trabajo original inscripto en el RNPI.
Originariamente para un trabajo más vasto, los datos fueron recogidos por Marcelo Massarino en la hemeroteca de la Biblioteca Nacional y publicaciones periódicas varias, como también por Amílcar Romero en las del Congreso de la Nación y la Legislatura de la Ciudad.
Se agradece la colaboración prestada por el personal que superar todo tipo de inconvenientes donde los menos es la desaparición y/o robo de los documentos como lo maltrecho de las máquinas de microfilmes cuando tienen a bien cometer el milagro de andar.
MUCHAS GRACIAS.



