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12.10.2006

CON DIRIGENTES ASI...

A River lo hizo millonario y le construyó el Monumental sin ningún defecto. Le echaron del servicio diplomático de por vida por corrupto y lo único puro que había en el mundo eran los Partagás que chupeteaba día y noche. Fue uno de los popes de Fútbol Espectáculo SA en 1959. Repartidor de soda, naranjín y la Quilmes, gracias al fútbol consiguió el reparto total de la Coca-Cola. ¿Será por eso que ahora al estadio le quieren poner el nombre de la gaseosa?

LO DE ANTONIO Vespucio Liberti no entra en lo sibilino o pusilánime. Es directamente de otra galaxia, típico y soberbio de un dirigente del fútbol argentino de su catadura moral e intelectual:

-La responsabilidad le cabe enteramente al público, como lo dijimos en el comunicado oficial del club –le espetó al otro día a Crítica, los cadáveres aún en sus féretros y todavía faltando tres para completar el saldo final de nueve-. Una verdadera inconducta está guiando sus actos, tanto en las canchas de fútbol como en la calle, como en todos los lugares donde se producen aglomeraciones. Nuestro estadio, que ofrece las máximas comodidades y cuya descongestión ha sido estudiada en forma cuidadosa por los técnicos que lo construyeron, no podía ser jamás causante de semejante catástrofe a poco que el público actuara con la corrección debida. .


(Todavía faltaba una década para que a Liberti lo echaran de por vida de la diplomacia argentina por una metida de manos en la lata como cónsul en la Génova de sus ancestros, representando al primer peronismo, y que sucesor, el escribano William Kent, consuegro de Vicente Leónides Saadi, en la misma senda política y también diplomática -porque en la Segunda Década Infame lo licenciaron para siempre como embajador en los Países Bajos por algunas diferencias en la caja chica de la sede diplomática en Amsterdam-, recorriera hospitales con los heridos de la Puerta 12, permutando una firmita donde se desistía de toda acción legal contra el club a cambio del pago de todos los gastos, cuando volvieron a estar puestas las pasarelas a las que se llamaba molinetes y entrecerradas las puertas rebatibles, pero con el agregado que el 25 de junio de 1968 se tendría que haber llevado a cabo por fin la inspección municipal pedida en julio de 1944 para que controlaran si los planos aprobados en su momento como se aprueban esas cosas en la Argentina, tenían las bocas de acceso como Dios manda, no escaleras a 45º, recodos de 180º y una luminosidad, sobre todo en los atardeceres grises de invierno como cuando tuvieron a bien suceder las dos masacres sin una puta lamparita de 25 watts porque estaban todos quemadas o se las habían afanado ya en 1930, cuando lo inauguraron.)

A todo esto, no enterado de la psicosis o porque le importaba un comino todo, como buen milico, el teniente coronel a cargo de la intendencia le mandó una nota al presidente de la AFA que antes tuvo a bien repartir copia por los diarios porque el destinatario real era la gente para que creyera que tenía gobernantes sensibles que se preocupaban por ellos, no los paquidermos de Viamonte al 1300, y en donde en nombre de la ya manoseada “seguridad pública” procedía a dar algunos consejos que hasta en un seminario de opas lo hubieran abucheado: “Disponer que ya al promediar el segundo período de los partidos de fútbol las puertas de salida estén libres de todo impedimento. Cuando en las puertas existan dispositivos para ordenar la salida del público, adoptar las medidas que permitan desmontarlos, facilitando así la desocupación de las canchas.” Lo bueno del caso es que a semejante cantidad de pavadas, encima tardías, los compatriotas de entonces se podrían haber enterado que aunque nadie se hubiera dado cuenta existía una Inspección de Espectáculos tan inútil como el agua de los fideos o, con suerte, tan o más corrupta que el resto de los funcionarios públicos de cualquier área, porque quedó un misterio más para qué carajo servía, qué funciones cumplía, amén de tomar cafecitos con pocillo libre, leer los diarios temprano y cobrar el sueldo todos los meses, y por qué tardó venticuatro años hasta 1968 para tratar de inspeccionar las aberraciones arquitectónicas de nacimiento que tenía el famoso Monumental, pero no pudo porque estaba todo acordonado por lo sucedido dos días antes en la Puerta 12, por lo que no se hizo jamás, pero cuyo misterio se va a prolongar todavía hasta fines del 2004, por ahora, cuando las 194 víctimas de República Cromañón demuestren que jamás tendría que haber habido cuatro mil personas en un local supuestamente habilitado para menos de la mitad, jamás un recital lo que era para bailanta, y que revisado con un mínimo de rigor se hubiera concluido que tenía imposibilidades hasta para poner un puesto de venta de pororó.

Hasta Crítica, que estuvo por méritos propios entre la prensa más amanuense, el martes 4, día de los entierros donde se borró hasta el portero de la AFA, ni hablar del presidente de la llamada entidad madre y de los dos clubes en cuestión, tenía un inusual arresto de racionalidad para informar sobre lo sucedido: “Las barreras paralelas de hierro que forman los bretes de salida habrían sido uno de los más serios obstáculos para los primeros accidentados.” A continuación se manda una descripción topográfica que sin querer va a empezar a explicarlo todo si se arman bien las piezas del puzzle: “En los 19 escalones hasta el primer descanso y en los 19 siguientes hasta el descanso más amplio de la escalera de las tribunas populares emplazada sobre la avenida […] había unas quinientas personas, ocho o diez en cada escalón, y el tramo siguiente con 26 escalones hasta el balcón sobre la mencionada avenida, la aglomeración era impresionante.”

POR QUE LA MASACRE NO FUE MAYOR

Falta poco para la inauguración de 1935. Terrenos rellenos con basura. Créditos oficiales muy blandos. Y antes de festejar la primera década, la primer masacre. Ahí están todos para la foto y la historia.

PERO FALTA ALGO, además de Bartolomé Macías: tanto La Razón como Noticias Gráficas se desgañitan, esta última con una prosa deplorable, que cuando los gritos, ayes y voces de alarmas empiezan a crecer y dar cuenta de la catástrofe que ha comenzado, policías que estaban entre el público y no habían resultado heridos, más colimbas que en aquella época iban en cardumen porque eran provincianos sin un peso para tratar de hacer algo los fines de semana de franco y los dejaban entrar gratis, como también aficionados comunes, se enlazan y la versión cuasi oficial difundida es que hacen una barrera, un dique contenedor para que allá abajo no aumente la cantidad de víctimas, motivo por el cual hubo solamente 9 y no 71, como en la Puerta 12, donde tal contención no sólo no existió sino que el destacamento de la barra brava de Boulogne hizo de pistón en medio de la humareda por las hojas de diario encendidos para tratar de hacer algo de luz en medio de tanta oscuridad, logrando el efecto reversa y adelantando el croquis de lo que iba a ser Cromañón.

Tratándose de lo que se trata, es más que una probabilidad que la primer garroteada haya sido con orientación barranca abajo y la segunda para detenerlos y mandarlos otra vez para arriba. A todo esto, cuando está dando comienzo una masacre, los diarios de la tarde estaban conectados por teléfono con sus hombres en la cancha respectiva y en la redacción, con el eterno pucho ladeado, con la oreja derecha apretando el auricular contra el hombre respectivo, el escribidor de turno metía las grageas que iban dando forma lo mejor posible a una crónica lo menos cualunque posible. Esto fue lo que alcanzó a meter La Razón 6ª agónicamente, con un jefe de redacción célebre como periodista y célebre por lo fanático furibundo de River, como cierre de un recuadro con lo último de lo último: “Bartolomé Macías olvidó un poco el área penal y no siempre impuso su reconocida autoridad.” La cruda verdad fue que la única área penal que se olvidó el célebre soplapitos fue la de River. Porque no había terminado de dar los tres pitazos finales que los de San Lorenzo se le fueron al humo y no para felicitarlo. Se lo quisieron comer crudo. El que pudo tener sentimientos más bondadosos consideraba que los había afanado de la manera más inescrupulosa. La jugada que terminó con el gol de Adolfo Pedernera, que fue el del triunfo, entra en el drama filosófico que señaló un académico francés al visitarnos más de medio siglo después (NOTA: Bromberger, Christian. Significación de la pasión popular por los clubes de fútbol. Libros del Rojas. Deporte y Sociedad. Buenos Aires, noviembre del 2001, 57 págs.), pero fue lo de menos porque hasta la misma Noticias Gráficas, que se mostró mansita y comer de la mano a la hora de aguachar el homicidio múltiple como accidente entre imbéciles desatados por una locura caballar, en la edición del día siguiente, con el título general de

LUTO SOBRE LA EMOCION DEL CLASICO

Comenta Enzo Ardigó

tiene un remate del más neto cuño futbolero, de la mejor alcurnia de tratar a la pelota como si fuera una dama, más de un hombre que se adelantó a la época porque también fue cronista de espectáculos y crítico de cine: “Y llegóse así al triunfo del local, limpio y merecido. Lo que no obsta para que digamos que en la perfección de los guarismos que lo acreditaron, gravitó asimismo la inexplicable reticencia de Macías para cobrar dentro del área de River penales que todos vimos menos él…”

¡Tomá mate! Dos fueron los que se deglutió, si se quiere exactitud. Grandes como ranchos y hasta con campanitas. Es imposible la ubicuidad en la grafía para narrar los hechos, por eso hay que hacer altos y jerarquizar, reordenar de otro modo y ya se va a volver a la relación arbitraje de Macías-masacre. Primero lo que dijo el cotidiano católico El Pueblo, que no salía los lunes, el mismo martes 4 de julio, dedicó su contratapa habitualmente dedicada al deporte con lo que sigue, bajo el título EL FUTBOL DEL DOMINGO: “Es lamentable e inexcusable en los actuales momentos la postergación de árbitros muy señalados, que por dignidad deportiva muy poco frecuente en el ambiente han denunciado, ante la ingrata evidencia de ser suplencia por elementos noveles sin gran noción del reglamento y de discutida y manoseada autoridad, que traerán (y ojala nos engañemos), con sus desaciertos, horas sombrías para el fútbol porteño. El sistema del sorteo, si bien ha conformado a los suspicaces y malintencionados, no vemos en la presente qué beneficios ha reportado a la práctica del deporte, ya que los malos arbitrajes están como siempre a la orden del día.”

Todavía un parrafito más del epitafio por elevación:

“El mal que aqueja a nuestro popular deporte, a juzgar por lo demostrado, no estriba tanto en la parcialidad de los jueces, como en la evidente falta de competencia de los mismos.”

Se venía, se venía…